lunes, 29 de octubre de 2007
Entre la icción y la realidad.Entre lo que fue y lo que recuerdo.
Estábamos sentados en el sillón. Vos mirabas la televisión con aire distraído, y yo te miraba a vos.
Me atraías con ese magnetismo tierno tan particularmente tuyo, del que desconfiabas.
Si yo era un agujero negro, maestro, vos eras mi lucha interna.
Sabés, jamás fui muy apegada a dios, ni a la moral ni a las costumbres, pero habernos lanzado de esa forma a la aventura me producía tanta adrenalina y tanto miedo, que a veces dudaba de que si lo que estábamos haciendo estaba bien o mal.
Me acuerdo de vos, contándome no se que cosa, sobre no se que asunto…alguna historia graciosa que te había pasado en otra vida, y de mí, escuchándote tan embobada, que las horas se hacían segundos.
La luna iba atravesando despacio el cielo. Tus ojos se posaron en mis ojos, y de ahí fueron bajando, junto con tus manos, hacia mi agitado pecho.
No puedo describir la infinidad de sensaciones que me produjo ese breve contacto. Morada grata la del volcán de tu desnudez.
Una mínima luz iluminaba la escena, mientras que en la habitación Alber dormía, ajena a nuestra ficción amorosa.
Me abrazaste, y las dudas de esa semana se esfumaron. Ya no me importaba el resto del universo, ni la facultad, ni los consejos ni el ajetreo de lo cotidiano.
Tu boca selló la mía, y con furia te mordí, hasta hacerte casi sangrar.
(Me alimento de tu respiración, maestro. Y ya hace tiempo que he dejado de vivir, fotosíntesis interrumpida….)
Voy a callar la extraña dama que habita en mí, para que no nos comprometa más de lo debido. Y a pedirte que, si al leer esta, nuestra noche, sentís todavía una punzada de deseo, vuelvas a este rincón sombrío para amarme una vez mas antes de que la corriente nos aleje de nuevo.
Hagas lo que hagas, y aunque yo viva emociones diferentes cada día, nada ha cambiado. Sigo sola esperando que el amor me despedace….si no es posible que tenga tu nombre, será algún otro ser el que me calme.
Maestro…..maestro, cada vez que piso las calles de la ciudad miro a todos y todos ellos me devuelven tu reflejo.
Maestro, maestro, el título que te he dado es por la situación presente. Gritaría a los cuatro vientos quien sos, si pudiese hacerlo.
Maestro, maestro…..no me quedan palabras.
Maestro, maestro, ¿cuánto amor puede haber en un tercero?
Maestro…….
Maestro……
Me gustaría contarte, como hacíamos antes, lo que me pasa hoy. A quien leo antes de dormir, con quien sueño, quien me hace reír…y sobre todo, morir…morir entre tus brazos cada vez que me hieren, cada vez que amo y fracaso.
